12 de junio de 2013

Nuevo film hondureño "Garifuna en peligro"

garifuna en peligro
La Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) exhibirá en premier la película “Garífuna en peligro”, producción cinematográfica que describe la amenaza de la desaparición de la lengua garífuna, por lo que un profesor –Ricardo-, hace esfuerzos por preservar su cultura Afro-amerindia, como una condición necesaria para no perder su identidad y dignidad como pueblo.

En ese marco, se firmará un convenio de Cooperación entre EL Garifuna Museun of los Ángeles, del Estado de California; el primer Hospital Garífuna de Honduras y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, a través el Instituto Tecnológico Superior de Tela (ITST),con el objetivo de fomentar y desarrollar actividades conjuntas en los ámbitos académicos, científicos, la investigación.

De igual manera, fortalecer la gestión conjunta de recursos financieros y de cooperación tecnológica-académica, así como el modelo académico intercultural y la internacionalización de la educación.
Los Garinau (garífunas), son una mezcla de personas de África occidental e indígenas caribes y Arahuacos, originarios de la isla de San Vicente, en el XVII y expulsados de esa tierra por los británicos, tres años antes de terminar el siglo.

Se consideran autóctonos de las américas y viven en las regiones costeras de Honduras, Nicaragua Belice, Guatemala y en los Estados unidas, particularmente en New York y los Ángeles.

En la trama de la cinta, se invocan los paralelismos históricos cuando el hijo de Ricardo, ensaya una obra de teatro sobre la resistencia del pueblo garífuna. Es la última resistencia contra el colonialismo británico, hace más de 200 años en su patria, en la Isla de San Vicente.

La película fue producida por Aban Productions y dirigida por Alí Allie y Rubén Reyes. Dura 99 minutos y está traducida al inglés, español y garífuna, con sub títulos en español, que se ha exhibido en EEUU e Inglaterra.

El actor de Holliwood, Danny Glover, que estaría presente en esta visita, por compromisos previos de filmación de una película en África, no lo hizo, pero se comprometió participar en la firma del convenio de cooperación en octubre próximo, espacio que coincidirá con la presentación de la PREMIER “Garífunas en peligro” en el marco de la Tercera Feria de la Interculturalidad a desarrollarse en la UNAH.

Para promover esa propuesta alternativa de cine y conocer el proyecto de Atención Primaria de Salud que se desarrolla en la comunidad de Colinas, Santa Bárbara, estuvieron de visita en Honduras y recientemente en UNAH, una comisión integrada por Allen Warren, vice alcalde de Sacramento, California, Herman Swaso Gilbert, alcalde de Dangriga de Belice, Melbin Thomas, del primer Hospital Garífuna Popular, Jean King, un empresario de la comunicación de EEUU, Martin Gloover, empresario de la comunicación, hermano y asesor del actor.

También participaron, el doctor Joseph palacios ex rector de la Universidad “West Indies” de estudios caribeños, de Belice; Helen Laurie y Anita Martínez, dos garífunas de la organización “Hope Foundation”, residentes en New York.

Esta comitiva llegó a Honduras para participar en las actividades del Mes de la Herencia Africana, permanecieron varios días desarrollando una intensa agenda que incluyó varias reuniones con funcionarios locales y nacionales así como visitas a comunidades.

5 de junio de 2013

Artista hondureño destaca en Estados Unidos

Juan Aguilar artista en In The Heights
Cuando Juan Aguilar era un niño, su padre decidió mudarse de Honduras a Estados Unidos a buscar una mejor vida para su familia.

Al igual que su personaje, Kevin Rosario, en "In the Heights", Aguilar dijo que no sólo se puede ver a través de Kevin como a sí mismo, pero como su padre.

"Mi padre tiene un carácter muy fuerte", dijo Aguilar. "Pero yo también puedo ser muy frustrado o muy enojado si algo no va bien, y eso es exactamente lo que Kevin lo hace."

Aguilar comentó que su padre se mudó a Dallas, Texas, después de dejarlo, su madre y tres hermanos detrás en San Pedro Sula, Cortés.

No mucho tiempo después de mudarse, la madre de Aguilar se unió a su padre y los niños se quedaron con su abuela.

"Fue muy duro. Yo siendo el más antiguo, crecí un poco más rápido. Tenía que ser un ejemplo para mis hermanos ", dijo Aguilar, quien se trasladó a los EE.UU. con su familia cuando tenía 11 años. "Pensamos que mi padre había hecho rico, vivía en un apartamento."


"Mis padres ni siquiera tienen dinero para comprar un árbol de Navidad. Se agarraban básicamente un árbol muerto, conseguir una lata de pintura y rellenar con piedras y pegarlo en allí y se cubre con algodón por lo que sería un árbol cubierto de nieve.

"Nosotros usaríamos ornamentos dondequiera que encontramos. Queremos realmente volver a envolver los juguetes viejos y así poder tener algo en Navidad. Mi padre, en ese momento, dijo: "Tengo que hacer algo mejor para mi familia".

A sus 36 años y viviendo en Shreveport con una familia propia, Aguilar dijo que puede relacionarse con la lucha actual que enfrenta su personaje: se trata de su hija y la presión de la universidad.

"Tengo una hijastra que está a punto de ir a la universidad. La hija de Kevin termina arrojar una bomba sobre ellos que cae fuera de la universidad. Es algo que mi esposa y yo tememos ", dijo Aguilar. "No vemos que eso suceda, simplemente no podíamos imaginar lo que sería como. A vivir que a través de Kevin es como, 'Wow!', Que es bastante molesto. "

Esta es la primera producción musical de Aguilar de formar parte del ya cantar en su escuela secundaria es un coro a capella. Fue descubierto a través de "Heights" coreógrafo Lauren Ross Wooley.

28 de mayo de 2013

Honduras gana campeonato mundial de debate

campeonato mundial de debate
Cinthia Sabillon
Con una discusión sobre la influencia de los medios de comunicación en la opinión pública, tres jóvenes miembros de la Junior Chamber International (JCI) en representación de Honduras, se agenciaron el campeonato mundial de debate en español en la Conferencia de las Américas realizada recientemente en St. Louis, Missouri, Estados Unidos. Luis Ariel Flores y Josué Emmanuel Carbajal, de JCI Capital (Tegucigalpa); y David Carranza, de JCI Valle de Sula son los hondureños que derrotaron a los ecuatorianos en la final de la competencia de debate.
 Honduras fue representado en el evento por 27 jóvenes, liderados por su presidenta Evelyn Montalvo y fueron la delegación más grande de los países representados. Los triunfadores se mostraron orgullosos de obtener un título de esa magnitud para el país, lo que además los clasificó para competir en el Congreso Mundial de la JCI a realizarse en noviembre en Río de Janeiro, Brasil. La JCI es una organización voluntaria de jóvenes que generan proyectos para crear cambios positivos en sus comunidades y la cual tiene presencia en más de 120 países.
 En el país realiza proyectos de alfabetización de adultos y niños, especialmente, en la zona norte del país. Además lideraron la campaña 30 Maravillas de Honduras que ha obtenido tres premios mundiales.

La organización también promueve la campaña contra el cáncer de mama Toca Hacerlo. Actualmente promueven conversatorios entre jóvenes y el presidente de la República para buscar soluciones a la problemática del país. Si quieres ser parte de JCI Honduras ingresa a la página web www.jci.cc La Conferencia de las Américas de este año se centró en el intercambio de historias de impacto. Miembros de la JCI tomaron acción local para crear un impacto sostenible a nivel mundial. Cada conferencia ofrece un espacio donde los miembros pueden intercambiar ideas y trabajar por un mundo mejor a través de recursos en colaboración.


Honduras campeon mundial de debates



Fueron más de 350 delegados de más de 30 países de las Américas y alrededor del mundo; compartieron las mejores prácticas y participaron en la discusiones de la comunidad y aprendieron más sobre el brillante futuro de esta organización. Sus miembros se reunieron en St. Louis, Estados Unidos, el lugar de nacimiento del movimiento. La Conferencia de la JCI de las Américas inició la temporada de las conferencias de área con una fuerte programación, incluyendo una visita a su sede y algunos eventos nuevos como la revelación del plan estratégico de la JCI 2013.

 Junto con asociaciones importantes, oradores dinámicos, celebraciones y fiestas siempre sobresalientes, los delegados hicieron la mayor parte de su experiencia de la conferencia en el hogar original de esta fundación. La ceremonia de apertura presentó a los presidentes nacionales con sus vestidos y banderas tradicionales ondeando y destacando la historia de la JCI en St. Louis.

7 de mayo de 2013

Un ejemplo de superacion

hondureños destacados en USA
Pese a que conoce muy bien su discurso, porque es su historia, la historia que aún le arraca lágrimas, ningún momento preparó a José Luis Zelaya para contarla ante un grupo selecto de estudiantes de la Universidad de Harvard. "Este chavito que creció en las calles de Honduras, que no tenía dónde acostarse, ahora estaba en una de las mejores universidades del país, del mundo e iba a tener la oportunidad de compartir su historia", recuerda José Luis en entrevista con ElHeraldo.hn

Su comparecencia ante una de las mejores universidades del mundo el viernes pasado es una de varias satisfacciones que ha recibido gracias a su tesón por salir adelante.José Luis es un soñador que desde la miseria ha ido tejiendo su futuro y ahora comparte la historia de su vida para inspirar a niños y jóvenes a seguir adelante.

 Durante mucho tiempo, su principal fuente de ingresos ha sido la elaboración de varios accesorios de crochet, con lo que logró llegar a estudiar en la universidad y ahora está a un paso de terminar su maestría. Este hondureño dejó el anónimato cuando llegó a contar su historia en el programa Despierta América de Univisión, donde lo sorprendieron cuando le entregaron el documento que le concedía el permiso para quedarse y trabajar en Estados Unidos, en el marco del programa de los Dreamers que aprobó el presidente Barack Obama.

Durante la conversación, su voz se quiebra al recordar su vida, llena de dolorosos momentos que han formado su carácter no sólo para salir adelante, sino para que otros puedan creer que también que cuando se quiere se puede.  Y es que su historia tiene de todo, problemas familiares, pobreza, deseo de seguir adelante y sus propias heroínas, su madre y su abuela, a quienes ama y protege, pero mantiene su hermetismo al contar detalles sobre ellas.Pero quizá los recuerdos más dolorosos son los de ese trayecto hacia los Estados Unidos, en el que vio tanta violencia y abuso, y que aún permanecen en su corazón como una herida recién abierta.El escenario y la audiencia varían, pero José Luis es el mismo, la historia es la misma, igual de dura, igual de inspiradora, donde él mismo demuestra sus dotes haciendo crochet para dar a conocer que "el arte nos puede ayudar a educarnos".

 Desde niños de primer grado hasta universitarios, José Luis se ha vuelto un verdadero motivador, con fe en Dios y quiere que otros logren sus metas. "El chiste no es contar una historia triste, no es contar una historia que le dé a la gente pena, sino que el chiste es poder contar la historia porque muchos niños en Honduras y otros países siguen viviendo mi propia historia". Quizá esta sea su principal motivación, ser un maestro y enseñarles a sus alumnos a no rendirse y animarlos a "hacer la diferencia". Su deseo de tener su propio salón de clases lo motivan aún más y tiene una meta clara.
Comenzar enseñando a adolescentes, para luego trabajar con jóvenes y finalmente regresar a la Universidad de Texas A&M, para instruir a aquellos que luego se convertirán en maestros como él.

Su visita a Harvard lo ha impresionado porque "gente que conoce tanto, aplaudan tu historia, la historia de mi país, de mi mamá, de mi familia y digan que te admiran significa mucho para mí". "No sólo me lo dicen a mí, lo dicen a todo lo que represento y una de las cosas que represento es mi país". Pero no sólo es contar su historia, es hacer que aquellos que lo escuchan hagan algo para ayudar a la sociedad, porque "los jóvenes son el futuro de la sociedad".

25 de abril de 2013

Garuifunas hondureños en New York celebran dia de la herencia africana


garifunas de Honduras en New York
Cada mes de abril, garífunas del Bronx (plural: Garinagu) la comunidad se reúne en Mott Haven para celebrar la llegada de sus antepasados ​​en Honduras. Exiliado por los británicos de su hogar adoptivo de San Vicente a la isla de Roatán infértiles, que fueron llevados a la parte continental de América Central por el español. Ahora Nueva York tiene una de las poblaciones garinagu más grandes del hemisferio.

Los garífunas son una de las culturas de la resistencia de los Estados Unidos, sus ancestros una mezcla de africanos occidentales secuestrados-, pero nunca esclavos, debido a naufragio, y los nativos caribes y arawak de St. Vincent. Sus cifras de África Occidental patrimonio con fuerza en su su cultura y la cocina, que hace hincapié en los ingredientes o plátanos (puré como en África Occidental), yuca (un alimento simbólico por su papel en la supervivencia después del exilio), pescado y coco. Platos importantes son ereba (pan de yuca), Tapou (pescado, plátano verde y la raíz de menestra de verduras) y dabuledu (una especie de dulce de azúcar hechas de pulpa de coco, jengibre y azúcar) y yuca avena con pan de coco.

El Bronx es, como ya he escrito, supuestamente el hogar de la mayor población de Garinagu fuera de Centroamérica. Pero a pesar de la gran población, no hay restaurantes que ofrecen la cocina. Hay vendedores ambulantes, no anunciados y servir una función comunitaria en lugar de comercial, pero, en realidad, sólo dos oportunidades al año para sentarse y disfrutar de la cocina: el Festival Centroamericano anual y Día Garífuna de hace un par de semanas.


garifunas de Honduras en New York
Hudutu o sopa de machuca


Usted no encontrará una abundancia de platos de allí, como en Indonesia, el bazar de Astoria. De hecho, usted encontrará sólo dos para satisfacer su gusto por lo salado: un plato de arroz y frijoles, que deleitó a los extraños en mi mesa, y la sopa icónica conocida como hudutu. Sin embargo, dada la escasez de comida garífuna, y la calidad del alma estimulante de la sopa, la hudutu la pena venir por sí solo.

Hudutu, también llamada machuca, es una sopa de leche de coco y mariscos. Aquí encontrará camarones, caracol y pescado. El caldo será familiar para cualquiera que salpica en la comida tailandesa, aunque de calor cero y un tipo diferente (pero no menos tentadora) de la complejidad de lo que encontrarías en un curry o tom yum. Ramitas de cilantro ofrecen ponche a base de hierbas, pero el sabor dominante es la de los ricos y relajante leche de coco.

En el lado que obtendrá una masa metálico que contiene los plátanos hervidos y puré. Tanto el método (maceración un almidón) y medios (un mortero de madera y mortero alargado) se prestan desde el África occidental, pero no tendrán la fufu-como la pasta. Siga el ejemplo de sus compañeros de mesa, y se deje el puré en la sopa. Arranca trozos y sumergirlos en la sopa. Luego, come. Es probable que sólo lo hace a medio camino a través del plátano.


garifunas de Honduras en New York
Pan de banano



Aunque sólo hay un par de platos salados, encontrarás un montón de dulces. Aunque David Cook, quien me dijo acerca del evento, ha escrito un par de mesas, en el momento en que llegué, justo después de 14:00, sólo había un proveedor. Los dulces y panes en esta tabla son producidos por la esposa del pastor, y yo compramos una muestra de todo lo que tenía para ofrecer: el pan de plátano, arroz dulce, budín de pan, y muchos otros. Ninguno fue particularmente especial, aunque el pan suave tachonado de pasas (en la foto) hizo un buen caso para un lugar en la mañana pastelería panteón. De los dulces, que era parcial a la leche de coco y jengibre pesada budín de pan. Grueso, duro y denso, una sola picadura produce una explosión de sabor rico y aromático.


Garifunas
Casabe



Para una más amplia selección de comida garífuna, los neoyorquinos tendrán que esperar hasta el Centro Desfile del Día de América en septiembre. Los curiosidad por la cocina harían bien en leer Betsy Andrews yuca Nación, que aparece en la edición de noviembre 2012 de Saveur, que ofrece recetas de algunos de los platos emblemáticos de la cultura.
Fuente : noticia en idioma ingles http://newyork.seriouseats.com/2013/04/finding-hudutu-at-the-bronxs-garfiuna-day.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+seriouseatsfeaturesvideos+%28Serious+Eats%29

15 de abril de 2013

Españoles en el Mundo : Honduras

Viajamos hasta Honduras, en el corazón de Centroamérica, para descubrir un país poco conocido pero lleno de alicientes: Tegucigalpa, la capital; las ruinas mayas de Copán, huella de una civilización casi legendaria; la isla de Roatán, una de las joyas del Caribe Hondureño. reportaje de la television española TVE

26 de marzo de 2013

Cientifico hondureño triunfa en Estados Unidos


cientifico hondureño
Johan Samir Osorio Álvarez, Nació en esta ciudad el 30 de diciembre de 1982. Realizó su educación primaria en la escuela Luis Gamero, el bachillerato en el Instituto Departamental de Oriente e ingeniero agrónomo en la escuela Agrícola de El Zamorano el 2004

Pero su espíritu de superación no se quedó en espera de oportunidades donde no las encontraría por lo que viajó a los Estados Unidos para sacar una maestría en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois misma que obtuvo el 2010. Actualmente está por obtener el doctorado en la misma área previsto para mayo próximo.

Lo meritorio de este joven emprendedor son los trabajos científicos de investigación en los que ha venido trabajando lo que le ha permitido representar a la universidad en cónclaves científicos internacionales, exponiendo dichos trabajos en Finlandia el 2011 y en Canadá el 2012, además de varios congresos en universidades de Estados Unidos (Colorado, Iowa, Arizona).
El 13 del presente mes, recibió por parte de la Sociedad Americana de Ciencia Animal el premio denominado “Científico joven de los estados del medio oeste de los Estados Unidos”, siendo el segundo latino en hacerse acreedor a esta honrosa distinción. Esa misma fecha recibió de parte de la Universidad de Illinois, reconocimiento especial por prestigiar al centro de estudios.

Juan José Osorio, padre de este distinguido joven científico que también es ingeniero, dice que el éxito profesional de su hijo se debe en gran parte a la disciplina, perseverancia y responsabilidad personal reflejada en la calidad educativa recibida en la escuela Luis Gamero, Instituto Departamental de Oriente, Universidad Católica de Honduras y la Escuela Agrícola de El Zamorano.
El 2004 Samir recibió de la Escuela Agrícola Panamericana el siguiente oficio: “La Decanatura Académica se siente muy complacido en felicitarle por haber obtenido el promedio académico de 4.0000/4.00, durante el décimo período académico del año 2004, lo cual lo hace acreedor al DIPLOMA DE ALTOS HONORES que le adjuntamos. Nos sentimos halagados de contar con estudiantes como usted dentro de nuestro Campus y le animamos a que continué haciendo este esfuerzo para satisfacción de todos los que le apreciamos y especial de su familia”.
Es solo una muestra de lo nuestro y del talento de tantos hondureños que brillan con luz propia, ignorados por las instituciones del Estado y solo reconocidos en el exterior en donde se valora el talento, la capacidad, disciplina y excelencia.

Desgraciadamente aquí solo hay oportunidades para los que gritan o sirven de caja de resonancia a los mismos políticos corruptos para después recibir como recompensa un cargo en el gobierno.
Honduras es el país donde existe una enorme fuga de cerebros. Gracias a Dios, triunfan fuera de la patria porque allá se los valora y reconocen sus méritos, mientras aquí se le rinde pleitesía a la mediocridad.
Johan Samir Osorio es un triunfador, orgullo de la patria y de su familia. Un joven que hoy demuestra con su talento lo que vale. Un científico valorado y ojala que en Honduras no sea uno más de los ignorados.

7 de marzo de 2013

La partida del terruño : Juan Ramon Martinez


Por : Juan Ramon Martinez
Era un lunes de febrero, seco y fresco del año de 1963, el último del gobierno constitucional de Ramón Villeda Morales. El probable golpe de Estado que darían los militares, era tema inevitable en las conversaciones políticas en una ciudad de sólida estructura liberal. Me levanté temprano para entrar al baño que teníamos en el patio, en la vieja casa del abuelo, en la calle La Unión, la calle que entonces era una de las principales de Olanchito, porque terminaba en la estación principal en donde llegaba y salía todos los días, el ferrocarril que proveniente de La Ceiba, traía comestibles, combustibles y pasajeros. Y llevaba productos agrícolas para La Ceiba, Tela y San Pedro Sula.

Estaba nervioso. El sentimiento era el de un hombre solitario que se preparaba para una aventura que no tenía regreso. Y en cuya decisión, solo contaba con el silencio al borde de las lágrimas de las tías Tila y Pimpa, que tanto me quisieron, las miradas inexpresiva de mis dos primos hermanos, el respeto de mi padre, la esperanza sin fisuras de doña Mencha; y la estudiada y deliberada indiferencia de la muchacha que en algunos momentos, meses antes, me había dicho al oído que daría la vida por mí, en vista que no podría vivir sin mi presencia. Esta mañana, dormía plácidamente, estaba en la escuela San Jorge, matriculando sus alumnos; o dando clases, riendo y mostrando a sus compañeras que no le importaba que el hombre de su vida, emprendía una ruta para posiblemente no volver.

Me vestí, modestamente como se usaba entonces, -no pensé en ponerme saco y corbata- volví a ver el reloj nerviosamente, para constatar que eran cerca de las nueve de la mañana y que en unos instantes, llegaría Betio Zúniga, gordo, afable, con la cara tirando a colorada, manejando un “Land Rover” gris, en el cual nos conducía a los pasajeros que viajábamos fuera de Olanchito, usando la vía aérea; y a los que por diversas razones venían a la ciudad, desde nuestros hogares a lo que después, cuando ya me había consolidado como escritor, para sorpresa de Roger Orellana Irías que nunca creyó que lo lograría, tal lo que me dijo algunos años después, en las oficinas del INA, donde ahora está la parte sur del edificio de la cooperativa Elga, pese a que me había oído como orador estudiantil de “indudable bríos y fuerza”, al decir de Max Batres Sorto, y escribiendo crónicas y editoriales en el Semanario Patria, que dirigía entonces Carlos Urcina, los llamábamos, el aeropuerto internacional de Arrayan. Aquí, había una caseta metálica prefabricada, un radio precario con el cual Arnulfo Funes, agente administrador de las operaciones de la compañía aérea, en un lenguaje que a muchos nos parecía esotérico, a otros falsos y a mí, absolutamente indiferente; y que tenía que ver, según supe años después conversando con los viejos pilotos que aterrizaron allí, información sobre la velocidad del viento, la calidad de las nubes, la altura; y en qué dirección se movían.
E indicación que no circulaban ninguna vaca o caballo en aquel descampado casi árido que servía de contacto a la ciudad con el mundo. En el “aeropuerto”, con un baúl metálico que había comprado apresuradamente en 26 lempiras en la tienda de Rafael Nasser el día anterior y que para entonces formaba parte del equipaje de los viajeros que nos encaminaríamos por diversas razones a Tegucigalpa. No recuerdo ningún nombre de los pasajeros acompañantes; ni el rostro de los pilotos que, normalmente, no les interesaba bajar a una pista de tierra, sin nadie con quien conversar; y siquiera sin recibir la atención de una taza de café o un refresco helado. Para los pilotos también, nosotros éramos bultos que conducían a Tegucigalpa, no importando quiénes fuéramos. Lo único que sí me quedó claro, pese al tiempo transcurrido, es que el avión no iba lleno. El viejo DC, construido en los cuarenta para transporte de tropas que luchaba contra Hitler en la II Guerra Mundial, gozaba de una indudable fama, como brioso corcel capaz de moverse fácilmente sobre la quebrada geografía de la indómita e indiferente Honduras. En la parte de atrás, llevaban varias latas de manteca y algunos costales llenos de frijoles.

Tuve ganas de llorar por el miedo ante la aventura que iniciaba; pero como para hacerlo se necesita quien le haga la segunda, en la absoluta soledad, sin un familiar cercano o lejano para llevármelo a la boca, algunos compañeros fraternos que posiblemente no se habían dado cuenta que me preparaba para dejar a Olanchito para siempre; y lo más grave sin la novia, en cuyo nombre buscaba mejorar mis estudios, aumentar mis ingresos, para alguna vez en el futuro, formar un hogar con ella, los ojos mantuvieron secos y firmes. Mis mejores amigos no estaban ya en la ciudad. Darío Meléndez, creo que no se dio cuenta que la patria chiquita. Juan Fernando Ávila, Luis Enrique Aguiluz –el dueño de la radio en donde me había iniciado en la comunicación de noticias y en la presentación de música tropical- y Carlos Urcina, no le dieron importancia al viaje. Posiblemente esperaron que regresaría la semana siguiente. Por lo que no había que hacer el sacrificio de la despedida que imaginaban que era por un poco tiempo nada más.

Al frente, en Tegucigalpa –que había conocido en 1960 en un concurso nacional de oratoria, durante el cual pronuncie un discurso de tono liberal en el Salón Azul de la Casa Presidencial y el presidente Villeda Morales me regaló con una dedicatoria muy elegante, las “cartas autógrafas de José Cecilio del Valle” que nunca supe quien me lo “robara” de la primera “biblioteca” que había formado posiblemente siguiendo el mismo expediente –tenía la familia en donde me habían ofrecido generoso alojamiento, formada por donde Irene Alvarado, gestor judicial y fumador impenitente y doña Eva, su esposa, una mujer trabajadora y peleadora por sus afectos, que todavía anda por allí, haciendo la lucha por los nietos y los bisnietos; o contándome lo que le ha pasado a cada uno de sus hijos: Óscar, René, Tona y el “gordo” José Ramón, que al paso de los años, sería mi compañero en La Tribuna. Además, estaban mis amigos Elvin Santos y Bill Oneil Santos, cuyas direcciones conocía.
Y que además, estaban enterados que ese mes llegaría a estudiar a la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán. Aquí, en esa institución, conocía a Cecilio Dueñas Quezada, que era el secretario de la institución, a Darío Turcios, entonces dirigente estudiantil muy destacado; y que había sido hasta entonces, no solo mi mejor amigo, sino que además, el que más me había motivado para siguiera sus pasos, yéndome de Olanchito a Tegucigalpa, a buscar en otros lugar nuevas formas de conocimientos y experiencias, incluso con la brusca expresión que si me quedaba en el pueblo natal –que era una evidente tentación que los amores no disimulaban- que si no le hacía caso y le decía adiós a los recuerdos que juntos habíamos compartido en el instituto Francisco J. Mejía, el riesgo mayor era que algún día, me eligieran alcalde municipal de la ciudad, los pícaros políticos locales.
Allá, en la Tegucigalpa al que el bimotor se acercaba seguro y sin fatigas fuera de las acostumbradas y necesarias, estudiaban además, Horacio Reyes Núñez, posiblemente el joven más talentoso y “mejor portado” que produjo mi generación que, incluso, cuando estábamos en la primaria, lo “sacaban” representando a los ángeles del cielo durante las procesiones del Corpus Cristi; su novia de toda la vida, Teresita Nasser –la mejor estudiante de mi tiempo y a la cual nunca le pude arrebatar el primer lugar en la disputa por las más altas calificaciones estudiantiles, conformándome con un honroso, digo ahora, segundo lugar que al paso del tiempo, se vuelve más honorable- José Antonio Murillo que cursaba Ciencias Sociales en la superior, mi primo Jardel Quezada que estudiaba Derecho en la UNAH, Aníbal Murillo que estudiaba medicina y su esposa Estela Calderini; y Julio Escoto a quien había conocido en San Pedro sula, en momentos en que presentaba el examen para obtener la beca de cien lempiras mensuales, de febrero a noviembre, gracias a la cual, me conducía en el aparato metálico que lento al principio, rápido después se deslizó por una pista dura, llena de guijarros, hasta levantar vuelo encima de los potreros de la hacienda de los herederos de don Felipe Ponce.

No menos de un minuto después, estábamos encima de los techos metálicos de la ciudad que identifique plenamente, experimentaba sentimientos similares y que se llevaba un pañuelo a los ojos. Pero eso, seguro que aunque fracasara –porque la Superior era la institución superior más exigente del país, al extremo que si a uno lo aplazaban en una materia siquiera, inmediatamente perdía la beca y no podía estudiar jamás allí, porque se tenía la seguridad que los maestros, teníamos que ser los mejores- jamás volvería a Olanchito. Ni siquiera para buscar a la novia que dejaba atrás y que no había tenido la sensibilidad de darme el beso de la despedida que tanto necesitaba en aquel momento de soledad.
Atrás quedaban mis padres, Juan Martínez y doña Mencha, mis hermanos: Antonia, Vani Edgardo, José Dagoberto (que estudiaba en el Manuel Bonilla de La Ceiba su primer curso de ciclo común) Ana del Carmen, Ada Argentina y Jorge Abel. Y muchos amigos “campeños” que, por mis papás me habían conocido, querido y respetado; y apostaban a mi futuro. Cuando el avión tomó altura y las nubes borraron la cresta de las montañas, perdí el interés por la ventana y empecé a tomar conciencia que el pasado, era solo una fuente para extraer experiencias y fuerzas para seguir adelante. Que no me aferraría a él. Ni sería un peso muerto en mis espaldas. Que lo único que tenía al frente, era el futuro que debía construir, a pulso, con dedicación y con paciencia. 45 minutos después, el avión aterrizó suavemente sobre una pista firme y estable. El avión se detuvo. Nos bajamos ordenadamente, una tras de otro, los pasajeros.

Al instante, nos entregaron el equipaje. Tomé un taxi y le di la dirección: a la vuelta de la pulpería Estrellita del Sur, en el barrio La Guadalupe. El chofer se sonrió. Le pregunté la causa y él me dijo: “Yo soy el dueño de la pulpería”. Unos minutos después nos llenamos de alegría saludándonos con don Irene, doña Eva y sus hijos. Había empezado la primera fase de mi condición de inmigrante interno. En la bolsa derecha del pantalón, tenía tres billetes de veinte lempiras, que me había dado mi padre, para tus primeros gastos me dijo Juan Martínez Cruz, entonces de 55 años de edad y dedicado peón de la Standard Fruit Company. Al día siguiente empezaría las clases de la Escuela Superior, ubicada al frente sur en donde ahora opera el hospital Viera. Y empezaría el camino que me ha llevado, en estos cincuenta años a vivir una rica experiencia, en la que aprendí de los demás, enseñé a muchos jóvenes y, por supuesto, conocí a Adán Elvir, gracias al cual, le di continuidad a la vocación de escritor que todavía me permite mantenerme en contacto con mis lectores.
Y pude lograr lo que siempre busqué: Influencia y fuerza pedagógica para influir en la vida social, política y económica el país. Porque nunca busqué riqueza; ni comodidad más allá de las típicas de la clase media. Pese a la alegría, de la anticipación del día siguiente, nunca pude imaginar la felicidad de estos 50 años en que formé una familia con una joven que el mismo 1963 había venido desde Choluteca a estudiar en la Normal de Señoritas, me entregué al servicio de la educación de los jóvenes y de los dirigentes campesinos del sur del país y encontré en los medios de comunicación colectivos, un espacio para participar e influir en la vida nacional. En esa dirección, participaría en la fundación de un partido político con Vicente Williams, Fernando Montes, Alfredo Landaverde, Ramón Velásquez, Arístides Padilla, Adán Palacios, Carlos Martínez, Rodolfo Sorto, Rafael Corrales, Emilio Ríos, Ventura Álvarez, José Antonio Casasola, y Marcos Rojas.
Redescubrí los encantos y la fuerza liberadora del cristianismo, conocí y aprendí a respetar al obispo Marcelo Gerin, -entonces de cincuenta años de edad- aceptar las vacilaciones y las sospechas inderrotables de Monseñor Héctor Enrique Santos; y a querer como a un hermano mayor adicional a Monseñor Raul Corriveau, al tiempo que puede servir desde Caritas en la atención de las necesidades de los que no tenían un pan que llevarse a la boca, mientras me orientaba la sensibilidad exquisita y delicada Margarita de Guillén, la paciencia de Monseñor Evelio Domínguez, Mito Anduray, Guillermo Arsenault, Sor María Rosa, Salvatore Pinzino, Julio Montoya, Kevin Kalahan y Antonio Mencía.
En este tiempo, también conocí a Pablo VI y fui recibido con Monseñor Domínguez, en el Vaticano. Para después, servir de ministro de tierras con Rafael Leonardo Callejas, presentarme con muy poco apoyo y éxito muy limitado, más de lo que me merecía, como candidato presidencial; y convertirme, más por edad que por méritos, en el más antiguo escritor de La Tribuna. Cincuenta años, en los que, he crecido y servido a Honduras y a su pueblo, con singular esperanza, soñando que algún día, la nación se pondrá de pie. Aunque otros sean los inmigrantes que desde lejos, vengan como yo, a sembrar sueños y a cultivar ilusiones.

9 de febrero de 2013

Tegucigalpa de los años veinte


En la Tegucigalpa de los años veinte del siglo pasado comenzó a marcarse la época de los avances que el hombre inició en los últimos años de la centuria diecinueve, incorporándonos al modernismo de aquel entonces.
En los últimos dos años del gobierno del general Terencio Sierra, entre 1902 y 1904, llegó a la capital la primera aplanadora de pistón accionada por vapor  la que se utilizaba para apisonar las calles de tierra que adolecían del empedrado, que era clásico en el centro capitalino, como se aprecia en la que se conocía como Calle de los Naranjos, donde vivió el doctor Ramón Rosa


El 26 de marzo de 1905 el ciudadano suizo don Julio Villars sorprendió a los tegucigalpenses con la llegada del primer automóvil  acontecimiento histórico que representó el inicio de una nueva era en la apacible ciudad, al circular en los años siguientes por sus calles los bulliciosos autos con los ensordecedores sonidos de los claxon y los motores activados por cran en una diversidad de modelos, como los que se aprecian en la avenida Juan Gutenberg del Guanacaste





Enormes vehículos, que comenzaron a llamarse camiones, fueron importados en los años treinta para transportar carga y el correo terrestre, como se utilizaba en 1935, para llevar a diferentes lugares del país donde se podía llegar por caminos los sacos del correo nacional (FOTO 5)
En los años cuarenta, Tegucigalpa contaba con muchos vehículos, muchos de ellos destinados al servicio del transporte, como los que se estacionaban en la Plaza Central (FOTO 6), que eran conducidos por experimentados choferes como “Tiefa”, “Cutín”, “Calán”, “Breque Falso”, “Fausto” y otros que por un peso lo llevaban a cualquier sitio de la ciudad.



En esos años resultaban distancias enormes ir de San Felipe a La Granja o al Vacilón y surgieron empresas de autobuses que por cinco centavos de lempira le transportaban en aquellas enormes unidades  que tenían rutas directas, sin hacer virajes por las estrechas calles de la ciudad, porque les era imposible transitar aun cuando fueran experimentados conductores.
Fotos y texto cortesia de La Tribuna